viernes, 30 de junio de 2017

MASTERCHEF O LA COCINA DE HOMBRES

¿En qué punto nos hemos perdido? A ver. El otro día, pudiera ser ayer, (ando un poco espesa con las vacaciones de los niños) hablaban en la Cadena SER de la final de este programa, apostaban por una señora. Ha ganado el hombre. Apostaban por Edurne porque, como señaló una contertulia, había que reivindicar el espacio de la mujer en la cocina porque siempre había sido patrimonio de las mujeres. Afirmación que me puso los pelos de punta, porque yo renuncio a ella en cuanto puedo.

Con todos los respetos, nos ha costado mucho salir de la cocina como para volver a entrar en ella. Bien es cierto que no es lo mismo la cocina por obligación que por devoción. Es lo que les ha pasado a los hombres que cocinaban de vez en cuando y dejaban todo patas arriba de cacharros. Algunos van aprendiendo a cocinar y recoger después.

A mí no me molesta que los hombres entren en los espacios tradicionalmente reservados a las mujeres, lo que pasa es que siempre se invade aquello que es más cómodo. Por eso, el siguiente paso que deberían hacer es pasar a ser camareros de piso en los hoteles, por ejemplo. Mientras, nosotras a invadir los espacios reservados tradicionalmente para los hombres, los cómodos, por supuesto, como directivas.

Lo dicho, prefiero que cocine y me sirva la comida un hombre y si puede ser con sólo el delantal puesto y nada más. De lo otro me encargo yo.

miércoles, 14 de junio de 2017

MI ROLLO ES EL ROCK

No a todas las malas mujeres les va el rollo del rock, pero es una gran posibilidad, por lo que implica esta música. Tiene ese halo de desobediencia, inconformismo mezclado con un poco de ganas de vivir la vida a grandes sorbos. El rock introdujo tradiciones musicales distintas. Evidentemente, ha sido criticado por apropiarse, por fomentar el uso de drogas, por distraer a la juventud de la acción política y social. Pero eso sólo son cuestiones personales. El rock lleva implícito la denuncia y la acción.

Hay quienes hacen yoga para relajarse  y vaciar su mente, si es que eso es posible, que no creo. Yo escucho rock. Cuando mi cabeza empieza a pensar demasiado y necesita una pausa, pongo la música a todo trapo y el horizonte se abre de repente como si a tu mente llegase un gran angular que te dejase ver más allá de las fronteras que aprisionan, en esos momentos, tus pensamientos. Y es entonces, cuando tu mente se calla, por un momento, y empieza a saltar, a bailar, a gozar, a divertirse y a entender que los problemas que generan esos pensamientos, están ahí para hacerte más fuerte, más activa, más inconformista, más implicada.

Por eso, mi rollo es el rock.