viernes, 29 de marzo de 2019

DISCUTIENDO SOBRE FRESAS

Suelen decir que los niños copian los modelos de los adultos. No estoy muy segura de ello, fundamentalmente, porque a mi me pasa lo contrario.

Hace unos días fuimos mi hija y yo a comprar al supermercado. Había unas fresas estupendas. Ella apuntó una cajita que le gustaba; me fijé en ella, pero en lugar de una etiqueta grande que pusiera el origen, venía un impreso donde señalaba los beneficios para el corazón; sin embargo, también eran de Huelva.
La cuestión, entonces se suscitó entorno a qué envase cogíamos, yo pillé el que suponía había dicho mi hija; ella decía que no, que era otro y la liamos.
Frente al lineal de fresas nos pusimos a discutir: yo cojo este, que no, decía ella, que ese no es el que yo quiero, que es este; que no, que era este, insistía yo, señalando otro; y así nos enzarzamos las dos discutiendo sobre cuál era mejor, hasta que acabé diciendo: “pues ahora cojo los dos ¡hala!”
Cuando levanté la cabeza, las personas que esperaban en la pescadería, la gente que estaba por los pasillos y una chica que conocía del barrio, nos estaban mirando, asombradas, riéndose del debate de fresas que habíamos mantenido.

No. Los adultos también copiamos de los niños; las risas que nos podemos echar cuando eso ocurre te alegran los días

viernes, 15 de marzo de 2019

LLUEVE O CHISPEA

Ay Dios! Va a ser cierto que cuando te vas haciendo mayor vuelves a ser algo niño. Y es que hace unos meses tuve un debate muy intenso con un amigo. Caminábamos por la calle cuando cambió el tiempo. Mi amigo señaló que empezaba a llover; yo, por mi parte, maticé que sólo chispeaba. Nos enzarzamos en una discusión sobre si llueve o chispea. Al día siguiente, volvimos a encontrarnos, y el cielo nos volvió a poner en la mismo punto, que si llovía o chispeaba. Pero esta vez zanjé la cuestión con una sentencia clara: “creo que esta discusión ya la hemos tenido antes”. Y nos quedamos mirando al suelo como reflexionando sobre el tema.

Al cabo de un tiempo, íbamos en el coche cuando el cielo nos puso en la misma tesitura. Volvimos al debate, él dijo llueve; yo, para cambiar el discurso, añadí categórica “no, caen gotas”. Ahí me di cuenta que algo no andaba bien; empecé a reírme como si se acaba el mundo.

Volvió a ocurrir en otra ocasión y en fue le momento en el que decidí echar mano de mi amigo Google. Para mi sorpresa apareció la discusión de dos niños sobre este tema que, además, se había hecho viral.

Así que he decidido no volver a discutir sobre si llueve o chispea, no vaya a ser que alguien me escuche y piense que algo va mal en mi cabeza o que me estoy haciendo niña.