Pues mira por donde, las locas malas mujeres, encarnadas en
mi amiga y yo, nos pusimos el domingo a la tarea de mear en el arcén. Veníamos
de Soria y apurada mi compi por las
cervecitas de un día de playa (sí, en Soria hay playa) paramos en un arcén; adultas y niñas aprovechamos el momento para la experiencia, sin exhibicionismo,
pero con la naturalidad con la que lo hacen los hombres. Y nadie nos pitó, ni
paso nada, quizás las niñas tenían más vergüenza que las mayores; empiezan a
asumir esos recatos sociales.
El recato en relación con el alivio de ciertas necesidades
lo entiendo desde un punto de vista antropológico. Para los animales hacer sus
necesidades es un acto peligroso, por unos segundos, dicen que de media unos
12, están a merced de los depredadores. El macho hombre tiene más facilidad
para mear, simplemente con coger la pilila y mirar de un lado a otro está
medianamente cubierto; pero la hembra lo tiene más complicado, está en una
posición más delicada; por eso, he llegado a la conclusión de que el hecho de
que las mujeres vayan a los baños de dos en dos (cosa que, particularmente,
nunca me ha gustado) es un reflejo antropológico, de defensa ante cualquier
posible ataque. Bueno, son cosas que a una mala mujer le da por pensar, así,
sin más. Observación pura y dura de las cosas habituales.
De todas formas, hay quienes ya han pensado más allá y nos dan soluciones para estos menesteres habituales que nos oprimen.
