miércoles, 22 de enero de 2020
sábado, 30 de noviembre de 2019
¿ORGASMOS RÁPIDOS?
Parece ser que entre las mujeres está haciendo furor el
juguetito succionador de clítoris; más aún teniendo en cuenta las fechas en las
que estamos.
Por supuesto, yo no estoy en contra de ningún juguete
erótico; están los vibradores, las bolitas, pinzas para los pezones y otros
cacharitos varios para hacerte pasar un buen rato.
Sin embargo, no me cuadra eso de un succionador para orgasmos
rápidos. A ver, señoras, me parece que vamos mal ¿La cuestión no estaba en pasarlo bien un montón de rato?
Los hombres siempre han buscado acabar con la eyaculación precoz y ahora vamos
nosotras y queremos una eyaculación precoz de nuestro clítoris. Así que me he
perdido. Como siempre, acabo siendo una mala mujer a contracorriente. El acto sexual requiere tiempo, requiere conocerse a sí misma, buscar la postura, lo que te va; hay que esforzarse. Parece que nos han metido la rapidez en el cuerpo. Hasta hay que correr para correrse.
Por otra parte me pregunto cuántas mujeres en España no
sabían masturbarse. Y lo peor de todo es que algunas ya concluyen que no
necesitan más pollas.
Lo siento. Me gustan los juguetes. Pero para mi el mejor
juguete es un hombre con el que poder hacer cositas y llegar a orgasmos de
clítoris y vaginales. Porque cuando una se masturba, por lo menos yo, me gusta
pensar en las cosas guarras que podría estar haciendo con un tío. Los juguetes
están bien cuando estás sola y te apetece, pero no lo cambio por el tío que me
va a mí. Porque lo pasas bien cuando tú llegas y el doble cuando lo ves llegar a él.
miércoles, 13 de noviembre de 2019
UNA SONRISA A FAVOR DEL PORNO
No digo nada nuevo si señalo que hay una corriente actual
que criminaliza la pornografía. Yo, como mala mujer, he hecho uso de ella tanto
en revistas como en películas, si se las puede llamar así, porque no sueles ver
mucho más allá de diez minutos.
Hemos olvidado lo que ha supuesto la pornografía en España y
en la sociedad española. Todavía recuerdo, cuando yo rondaba los 7 años, cómo mis padres
estaban como locos porque la película Emmanuelle, calificada como X, llegaba a los
cines españoles. Estaban pletóricos. El día que se iban a verla, pasaron la
tarde con un rostro de felicidad incalificable para una niña. Les encantó.
Cierto que hoy se la calificaría como erótica, pero cada tiempo es distinto.
Como muchos adolescentes de la época, los españoles fueron
perdiendo el puritanismo instaurado por años de mandato eclesial. Mientras los
mayores iban al cine, los niños descubrieron las revistas porno que sus
hermanos mayores escondían debajo del colchón.
Bueno, pues ahora, parece que volvemos hacia atrás. En lugar
de asumir el sexo, y dejarnos de paternalismos estatales que señalan a los
ciudadanos como una pandilla de pervertidos que se creen que esas posturas son
normales, como también nos debimos creer supermanes y nos lanzamos por las
ventanas, nos empeñamos en combatirlo porque es malo, es patriarcal, es opresor
y no sé cuántas cosas más.
Eso sí, de las películas en las que decapitan, abren en
canal y demás carnicerías, no dicen nada.
En cambio, yo sigo viendo la sonrisa de mis padres al ver
Emmanuelle. Y me quedo con ella.
lunes, 21 de octubre de 2019
CUANDO EMPIEZAS A ECHAR PIROPOS
Algo anda mal cuando empiezas a echar piropos a diestro y siniestro.
Bueno, exagero un poco, ya que no es muy habitual; pero, a veces, de una forma
maravillosa e incomprensible, ocurre: de repente vas andando por tu calle camino
del portal y ahí está, desocupado, sin nada ni nadie alrededor y tú andando
hacia él, mirando asombrada por lo que tienes delante: estupendo, tremendo, de vicio y, entonces, lo sueltas,
con descaro, sin reprimirte, sin vergüenza: “mecachis la mal, guapo, macizo, estás para hacerte un monumento o para hacerte una foto (y se la haces), pedazo de hueco pal coche y yo andando”. Y sí, lo hago, le
echo unos cuantos piropos bien dados, y con eso me quedo; porque, maldita sea
mi suerte, siempre que voy en coche no se me aparecen esos pedazos de huecos
para aparcar en mi calle. Alguna vez, casi no lo recuerdo, he logrado hacerme
con uno. Y cuando pasa, me lanzo sobre él sin contemplaciones, sea como sea; y lo
meto, vaya que si lo meto y me monto encima de ese pedazo de hueco. Ayyy, qué
gustito da, entonces y lo poco que dura!
martes, 1 de octubre de 2019
MALDITO EMPONDERAMIENTO = RABIA
Sí. Maldito porque creo que por delante de ese
emponderamiento están los derechos de todos, entre ellos los laborales y las
más afectadas por ello pueden ser las propias mujeres.
![]() |
| Uno de los palitos que sacaba del agua |
Este emponderamiento nos puede hacer mucho daño sobre todo
si olvidamos que podemos ser iguales en derechos, pero no somos iguales
biológicamente.
Muchas veces he señalado que trabajo en un mundo de hombres,
masculinizado hasta las primeras oposiciones. Logré mi plaza en la ciudad en la
que residía. Vigilante de Dominio Público cuya labor podía asemejarse a un
administrativo, rezaba el Plan de Prevención; por tanto, casi sin riesgos y sin
esfuerzos.
Pero estaba muy lejos de la realidad. Allí me planté yo, con
menos de 50 kilos y 1,60 de estatura, pero con unos brazos, alimentados por la
natación del verano y la musculación, con los que lograba una fuerza similar a la de
mis compañeros. Podía coger ganchos de hierro de 5 metros que pesaban más
de 10 kilos, uno de ellos situado por encima de mi cabeza, para luego arrastrar
del agua algas, troncos y demás porquería lanzada por cualquier imbécil que
cree que el agua se deshace de todo. Arrastraba cosas que podían pesar mucho
más que yo. Y podía, claro que podía, al igual que ellos.
Durante años todos nosotros hemos sufrido contracturas,
lesiones musculares que nadie reconocía como una consecuencia laboral. Hasta
que me harté y lo comuniqué a prevención. Al final el plan incluyó la
realización de esfuerzos puntuales. Puntuales…. Pero son diarios.
Hoy, una de mis cervicales está destrozada. La causa más
probable sea ese gancho por encima de mi cabeza que manejaba cada día. No
quiero mencionar que ese punto era conflictivo debido al mal diseño ejecutado
por alguien, supongo, muy diligente y bien considerado en el Organismo.
Sí señoras, me he emponderado, he hecho lo mismo que los
hombres y hoy tengo una lesión de por vida.
¿No hubiese sido mejor ponernos de acuerdo todos los
trabajadores para solicitar unas condiciones laborales adecuadas y una
seguridad que impidiese tantas lesiones?
Creo que sí. Pero no lo hacemos porque, como suele decirse, antes se hacía y no queremos que
alguien crea que no podemos hacerlo.
Quien habla de empoderamiento son mujeres
sentadas en una silla preocupadas por ascender más alto, olvidando que hay
mujeres haciendo esfuerzos, que pueden lesionarse con tanta soflama; que no ayudan a las que meten músculo, sino a sí mismas.
Hoy me muerdo las uñas pensando que no debí hacerlo, que
nunca debí hacer aquel trabajo no marcado por prevención. Nunca podré volver a
hacer cosas que me gustan, saltar, montar en atracciones, dar volteretas…y tantas que hacía con mi hija y sus amigas;
hasta leer es un ejercicio dificultoso. Muchas diversiones quedaran en el
recuerdo y en la rabia.
Y todo gracias al puñetero emponderamiento y a la falta de
acuerdo por unas condiciones dignas que ni siquiera el Estado cumple. Y no lo cumple porque hay quienes se empecinan en no dar problemas al de arriba para estar muy bien considerado, aunque las cosas se hagan mal.
domingo, 5 de mayo de 2019
LA SEMÁNTICA DEL COITO
Dándole vueltas al comentario de Cayetana sobre cuánto
decimos las mujeres sí o no, me puse a pensar sobre lo que yo digo. Cuestión
nada fácil, puesto que cuando estás metida en la faena, una no se entera muy
bien de lo que dice o hace, estás a lo que estás. Pero más o menos,
recapitulando un poco, cuando empieza la pelea por conseguir cada uno lo que
quiere, la cosa, en mi caso, empieza claramente, aunque el lenguaje puede cambiar de una ocasión a otra.
- Déjate de chorradas y métela ( lo siento los preliminares me ponen nerviosa cuando se alargan)
- Uy!!!Yaaaa!!!! Así síiii. (bueno, por ahora, creo que digo un sí)
- Luego depende de la postura que vayas adquiriendo en la refriega, pero suele haber muchos exabruptos tipo: Joder qué rico o dale fuerte cabrón que es para eso ( se suele insultar mucho al otro, no entiendo muy bien por qué); así como algún tipo de adverbio de cantidad muy conocido: más.
- Luego, si pasas al dominio de la cuestión: empiezas con el ahora me toca, te vas a enterar (insultos varios); así es como me gusta; quieto ahí que mando yo; no te lances que te veo.
- Ahí puedes pararte e intentar el beso de Singapur y para eso, muy concentrada, no dices nada hasta que mandas todo a la porra, lo verbalizas incluso, para luego seguir gritando exabruptos metiendo a Dios por medio, a tu madre y a quien te venga a la mente.
- Y entonces, notas algo y empiezas ahí, ahí, dále ahí (sí, hay orgasmo vaginal). De repente, no dices nada hasta que explotas con un suspiro creciente.
miércoles, 24 de abril de 2019
POR LA PUERTA DE ATRÁS
Como me pilla en periodo electoral quiero reclamar y reclamo
que se aclaren con la Tarjeta Municipal de Transportes de Madrid. Vale, soy
despistada, pero siempre he sabido manejarme por los metros de cualquier ciudad.
En cambio, ahora, esta mala mujer tuvo que colarse en cercanías de Madrid. Sí.
No pude más ante la imposibilidad de sacar un puñetero billete, aun teniendo
dos tarjetas de transporte. Ya me habían vuelto loca con la tarjeta que tenía y
que no me dejaba llenar con metro sencillo, porque tenía combinado y tampoco
cercanías porque tenía metro.
Las cámaras del metro pudieron ver a una tía medio loca
yendo de maquinita en maquinita y no le di una hostia a alguna porque soy
pacífica, pero las ganas me quedaron dentro.
Cuando, por fin, encuentro a un señor del metro me dice que
cuando hay algo en la tarjeta no se puede meter otra cosa, que hay que coger
otra tarjeta, pero que eso lo van aprendiendo poco a poco, las ganas de la
hostia no van ya contra la maquinita.
Ya lo dijo Pedro Duque. Estoy por pensar que aumentan lo
visitantes en Madrid porque no pueden salir de allí.
Si es que mucho debate, pero a la tecnología no le pillamos
el tranquillo. Menos mal que, llegando a mi destino, me encontré, o quizás fue
mi inconsciente que me llevó caminando al contrario de donde iba la gente, al
señor de las multas. Le confesé mi pecado. El señor era de Zaragoza, lo comprendió y me
sacó a mí y a mi acompañante por la puerta de atrás.
¡Ay, donde esté el ser humano!
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