miércoles, 22 de enero de 2020

LA PURITANA DE OK GOOGLE

Tanta tecnología para que acaben siendo unas asistentes mojigatas, que siguen un pensamiento unidireccional. Lo entiendo en los humanos, pero que las máquinas tengan el algoritmo puritano ya es la hostia (¡Uy, perdona Google!)

Ok Google y sus gemelas (es un suponer, no he hablado con ellas, pero ya se sabe) nos hurtan multitud de significados porque les parecen obscenos; deciden por nosotros. Sólo hay que preguntarle por el significado de polla. Mientras las RAE, esa tan mal vista por algunos, te describe las diversas acepciones, incluso esa tan explícita que estás pensando, Ok Google se queda con la cuarta acepción, apuesta de caballos.

Si hablas de follar, la Rae te habla de 4 acepciones entre ellas practicar coito. Mientras la asistente se queda con soplar con fuelle. Pero va más allá este aparatito, si le preguntas por el significado que da la RAE a follar te dice que la Rae ha cambiado el significado de sexo débil y te echa un discurso. Ahí sí.

Y si no hablas de sexo y hablas de caca, la Rae te propone 5 acepciones entre los que se encuentra “eufemismo coloquial para excremento” mientras el aparatito se queda con “infantil, excremento”.

Estos aparatitos son unos puñeteros puritanos porque cualquier cosa que le digas te salta con "sonrisa, sudor y frío" o con "no puedo ayudarte" o "sonrojado" ¡Vale, que como mala mujer me he dedicado a decirle de todo como los niños pequeños! Es que es una tentación cuando no es tuya y tienes que investigarla un ratito. Seguro que muchos de los que la tienen lo han hecho.

Pero va mucho más allá. Si le preguntas por el significado de prostituta, te dice “prostituto” (aquí cambia el género) y te da el significado. Así que le pregunté si era feminista y, por supuesto, me dijo que sí, muy feminista  y muy declarada.

No me fío nada de estos aparatitos. Nos están hurtando mucha información. Si seguimos así nos vamos a quedar con menos de un cuarto del mundo que ha existido y del que pudiera existir.

sábado, 30 de noviembre de 2019

¿ORGASMOS RÁPIDOS?


 Parece ser que entre las mujeres está haciendo furor el juguetito succionador de clítoris; más aún teniendo en cuenta las fechas en las que estamos.
Por supuesto, yo no estoy en contra de ningún juguete erótico; están los vibradores, las bolitas, pinzas para los pezones y otros cacharitos varios para hacerte pasar un buen rato.
Sin embargo, no me cuadra eso de un succionador para orgasmos rápidos. A ver, señoras, me parece que vamos mal ¿La cuestión  no estaba en pasarlo bien un montón de rato? Los hombres siempre han buscado acabar con la eyaculación precoz y ahora vamos nosotras y queremos una eyaculación precoz de nuestro clítoris. Así que me he perdido. Como siempre, acabo siendo una mala mujer a contracorriente. El acto sexual requiere tiempo, requiere conocerse a sí misma, buscar la postura, lo que te va; hay que esforzarse. Parece que nos han metido la rapidez en el cuerpo. Hasta hay que correr para correrse.
Por otra parte me pregunto cuántas mujeres en España no sabían masturbarse. Y lo peor de todo es que algunas ya concluyen que no necesitan más pollas.
Lo siento. Me gustan los juguetes. Pero para mi el mejor juguete es un hombre con el que poder hacer cositas y llegar a orgasmos de clítoris y vaginales. Porque cuando una se masturba, por lo menos yo, me gusta pensar en las cosas guarras que podría estar haciendo con un tío. Los juguetes están bien cuando estás sola y te apetece, pero no lo cambio por el tío que me va a mí. Porque lo pasas bien cuando tú llegas y el doble cuando lo ves llegar a él.

miércoles, 13 de noviembre de 2019

UNA SONRISA A FAVOR DEL PORNO


 No digo nada nuevo si señalo que hay una corriente actual que criminaliza la pornografía. Yo, como mala mujer, he hecho uso de ella tanto en revistas como en películas, si se las puede llamar así, porque no sueles ver mucho más allá de diez minutos.

Hemos olvidado lo que ha supuesto la pornografía en España y en la sociedad española. Todavía recuerdo, cuando yo rondaba los 7 años, cómo mis padres estaban como locos porque la película Emmanuelle, calificada como X, llegaba a los cines españoles. Estaban pletóricos. El día que se iban a verla, pasaron la tarde con un rostro de felicidad incalificable para una niña. Les encantó. Cierto que hoy se la calificaría como erótica, pero cada tiempo es distinto.
Como muchos adolescentes de la época, los españoles fueron perdiendo el puritanismo instaurado por años de mandato eclesial. Mientras los mayores iban al cine, los niños descubrieron las revistas porno que sus hermanos mayores escondían debajo del colchón.
Bueno, pues ahora, parece que volvemos hacia atrás. En lugar de asumir el sexo, y dejarnos de paternalismos estatales que señalan a los ciudadanos como una pandilla de pervertidos que se creen que esas posturas son normales, como también nos debimos creer supermanes y nos lanzamos por las ventanas, nos empeñamos en combatirlo porque es malo, es patriarcal, es opresor y no sé cuántas cosas más.
Eso sí, de las películas en las que decapitan, abren en canal y demás carnicerías, no dicen nada.
En cambio, yo sigo viendo la sonrisa de mis padres al ver Emmanuelle. Y me quedo con ella.

lunes, 21 de octubre de 2019

CUANDO EMPIEZAS A ECHAR PIROPOS

Algo anda mal cuando empiezas a echar piropos a diestro y siniestro. Bueno, exagero un poco, ya que no es muy habitual; pero, a veces, de una forma maravillosa e incomprensible, ocurre: de repente vas andando por tu calle camino del portal y ahí está, desocupado, sin nada ni nadie alrededor y tú andando hacia él, mirando asombrada por lo que tienes delante: estupendo, tremendo, de vicio y, entonces, lo sueltas, con descaro, sin reprimirte, sin vergüenza: “mecachis la mal, guapo, macizo, estás para hacerte un monumento o para hacerte una foto (y se la haces), pedazo de hueco pal coche y yo andando”. Y sí, lo hago, le echo unos cuantos piropos bien dados, y con eso me quedo; porque, maldita sea mi suerte, siempre que voy en coche no se me aparecen esos pedazos de huecos para aparcar en mi calle. Alguna vez, casi no lo recuerdo, he logrado hacerme con uno. Y cuando pasa, me lanzo sobre él sin contemplaciones, sea como sea; y lo meto, vaya que si lo meto y me monto encima de ese pedazo de hueco. Ayyy, qué gustito da, entonces y lo poco que dura!

martes, 1 de octubre de 2019

MALDITO EMPONDERAMIENTO = RABIA

Sí. Maldito porque creo que por delante de ese emponderamiento están los derechos de todos, entre ellos los laborales y las más afectadas por ello pueden ser las propias mujeres.

Uno de los palitos que sacaba del agua
Este emponderamiento nos puede hacer mucho daño sobre todo si olvidamos que podemos ser iguales en derechos, pero no somos iguales biológicamente.

Muchas veces he señalado que trabajo en un mundo de hombres, masculinizado hasta las primeras oposiciones. Logré mi plaza en la ciudad en la que residía. Vigilante de Dominio Público cuya labor podía asemejarse a un administrativo, rezaba el Plan de Prevención; por tanto, casi sin riesgos y sin esfuerzos.

Pero estaba muy lejos de la realidad. Allí me planté yo, con menos de 50 kilos y 1,60 de estatura, pero con unos brazos, alimentados por la natación del verano y la musculación, con los que lograba una fuerza similar a la de mis compañeros. Podía coger ganchos de hierro de 5 metros que pesaban más de 10 kilos, uno de ellos situado por encima de mi cabeza, para luego arrastrar del agua algas, troncos y demás porquería lanzada por cualquier imbécil que cree que el agua se deshace de todo. Arrastraba cosas que podían pesar mucho más que yo. Y podía, claro que podía, al igual que ellos.

Durante años todos nosotros hemos sufrido contracturas, lesiones musculares que nadie reconocía como una consecuencia laboral. Hasta que me harté y lo comuniqué a prevención. Al final el plan incluyó la realización de esfuerzos puntuales. Puntuales…. Pero son diarios.

Hoy, una de mis cervicales está destrozada. La causa más probable sea ese gancho por encima de mi cabeza que manejaba cada día. No quiero mencionar que ese punto era conflictivo debido al mal diseño ejecutado por alguien, supongo, muy diligente y bien considerado en el Organismo.

Sí señoras, me he emponderado, he hecho lo mismo que los hombres y hoy tengo una lesión de por vida.

¿No hubiese sido mejor ponernos de acuerdo todos los trabajadores para solicitar unas condiciones laborales adecuadas y una seguridad que impidiese tantas lesiones?  Creo que sí. Pero no lo hacemos porque, como suele decirse, antes se hacía y no queremos que alguien crea que no podemos hacerlo.

Quien habla de empoderamiento son mujeres sentadas en una silla preocupadas por ascender más alto, olvidando que hay mujeres haciendo esfuerzos, que pueden lesionarse con tanta soflama; que no ayudan a las que meten músculo, sino a sí mismas.

Hoy me muerdo las uñas pensando que no debí hacerlo, que nunca debí hacer aquel trabajo no marcado por prevención. Nunca podré volver a hacer cosas que me gustan, saltar, montar en atracciones, dar volteretas…y tantas que hacía con mi hija y sus amigas; hasta leer es un ejercicio dificultoso. Muchas diversiones quedaran en el recuerdo y en la rabia.

Y todo gracias al puñetero emponderamiento y a la falta de acuerdo por unas condiciones dignas que ni siquiera el Estado cumple. Y  no lo cumple porque hay quienes se empecinan en no dar problemas al de arriba para estar muy bien considerado, aunque las cosas se hagan mal.

domingo, 5 de mayo de 2019

LA SEMÁNTICA DEL COITO

Dándole vueltas al comentario de Cayetana sobre cuánto decimos las mujeres sí o no, me puse a pensar sobre lo que yo digo. Cuestión nada fácil, puesto que cuando estás metida en la faena, una no se entera muy bien de lo que dice o hace, estás a lo que estás. Pero más o menos, recapitulando un poco, cuando empieza la pelea por conseguir cada uno lo que quiere, la cosa, en mi caso, empieza claramente, aunque el lenguaje puede cambiar de una ocasión a otra.

 
  1. Déjate de chorradas y métela ( lo siento los preliminares me ponen nerviosa cuando se alargan)
  2. Uy!!!Yaaaa!!!!     Así síiii. (bueno, por ahora, creo que digo un sí)
  3. Luego depende de la postura que vayas adquiriendo en la refriega, pero suele haber muchos exabruptos tipo: Joder qué rico o dale fuerte cabrón que es para eso ( se suele insultar mucho al otro, no entiendo muy bien por qué); así como algún tipo de adverbio de cantidad muy conocido: más.
  4. Luego, si pasas al dominio de la cuestión: empiezas con el ahora me toca, te vas a enterar (insultos varios); así es como me gusta; quieto ahí que mando yo; no te lances que te veo.
  5. Ahí puedes pararte e intentar el beso de Singapur y para eso, muy concentrada, no dices nada hasta que mandas todo a la porra, lo verbalizas incluso, para luego seguir gritando exabruptos metiendo a Dios por medio, a tu madre y a quien te venga a la mente.
  6.  Y entonces, notas algo y empiezas ahí, ahí, dále ahí (sí, hay orgasmo vaginal). De repente, no dices nada hasta que explotas con un suspiro creciente.
Al final, examinando el tema tengo que dar la razón a Cayetana, puede que no se diga todo el tiempo sí; se dicen otras cosas nada concretas que pueden dar lugar a interpretaciones diversas, ya que el vocabulario utilizado suele ser más bien pobre. Pero, bueno, todo será hacer una tesis sobre la semántica del coito en la historia de la humanidad.

miércoles, 24 de abril de 2019

POR LA PUERTA DE ATRÁS

Como me pilla en periodo electoral quiero reclamar y reclamo que se aclaren con la Tarjeta Municipal de Transportes de Madrid. Vale, soy despistada, pero siempre he sabido manejarme por los metros de cualquier ciudad. En cambio, ahora, esta mala mujer tuvo que colarse en cercanías de Madrid. Sí. No pude más ante la imposibilidad de sacar un puñetero billete, aun teniendo dos tarjetas de transporte. Ya me habían vuelto loca con la tarjeta que tenía y que no me dejaba llenar con metro sencillo, porque tenía combinado y tampoco cercanías porque tenía metro.

Las cámaras del metro pudieron ver a una tía medio loca yendo de maquinita en maquinita y no le di una hostia a alguna porque soy pacífica, pero las ganas me quedaron dentro.

Cuando, por fin, encuentro a un señor del metro me dice que cuando hay algo en la tarjeta no se puede meter otra cosa, que hay que coger otra tarjeta, pero que eso lo van aprendiendo poco a poco, las ganas de la hostia no van ya contra la maquinita.

Ya lo dijo Pedro Duque. Estoy por pensar que aumentan lo visitantes en Madrid porque no pueden salir de allí.

Si es que mucho debate, pero a la tecnología no le pillamos el tranquillo. Menos mal que, llegando a mi destino, me encontré, o quizás fue mi inconsciente que me llevó caminando al contrario de donde iba la gente, al señor de las multas. Le confesé mi pecado. El señor era de Zaragoza, lo comprendió y me sacó a mí y a mi acompañante por la puerta de atrás.

¡Ay, donde esté el ser humano!