Vale que es una lata el trabajar, como decía la canción,
pero el mío me permite ciertas libertades. Mi caseta de inicio laboral está
frente a la Nacional-
Lo cual me lleva a pensar que limitamos muchas emociones, no
sólo los besos, también ciertas muestras de alegría. A mí me sale bailar en el
campo o dar saltitos por la calle cuando mi mente va elucubrando alegremente.
En alguna ocasión he pensado en lo que debían pensar los demás. Pero se me pasa
enseguida, porque no me apetece que me amarguen la fiesta que tengo dentro. No
es que todo el día esté como Heidi dando saltitos por las nubes, pero si te
ocurre alguna vez que estás contento, ¿por qué no expresarlo? Volvemos siempre
al tema del ridículo, al tema de los convencionalismos y las normas no escritas
que nos joden la vida, la única. Cachis! ¡Cuándo aprenderemos!
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