viernes, 9 de septiembre de 2016

El ataque de las morcillas asesinas


 
Me lo tengo merecido por no seguir mis normas. Cuando estoy sola lo mejor para comer es cocer: cocer una cacerola de macarrones, de arroz, de lentejas (sólo en invierno, en verano latas). No la cumplí y el resultado fue un ataque indiscriminado de unas morcillas, sin piedad. Después de donar sangre, lo donantes me dijeron que era bueno comer morcilla para reponer sangre. ¡Y una leche bueno! Me puse a freír morcillas y las muy condenadas me atacaron vilmente haciendo saltar el aceite. Y como iba sin camiseta, para variar, cómo se aprovechaban. Yo intentando poner periódicos en el suelo para que aquello no acabara hecho un cristo y las morcillas y las mocillas lanzando sus daros por la espalda; al levantarme para defenderme, siguieron por delante. Conseguí retirarme e intenté restablecer mi defensa armándome con una tapa de cacerola con la que fui hacia delante intentando evitar sus lanzallamas.
Que sepan que acabe con ellas. Hubo ciertas heridas, pero lo peor es que hubo que limpiar los estos de la dura batalla. No me extraña que cuando alguien se enfada te envíen a freír mocilla.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

VUELVE LA PESASILLA

Sí, pesadilla. Los niños no son los únicos que vuelven al cole, también los padres. No sé cómo será ir al cole en una casa ordenada, pero en mi casa da igual que sea el primer día, siempre se arma la marimorena: corriendo a toda prisa diciendo termina el desayuno…, apaga la tele; y de una lado para otro buscando el cepillo del pelo que, vaya por Dios, no está en el baño; luego la raya del calcetín de mi hija, que siempre le molesta; ¿Dónde he dejado el almuerzo? Corre que no llegamos; la parsimonia de ellos ¿Dónde he dejado las llaves y las gafas?

Y queda recoger los restos, cepillo incluido. A ver si llega al baño.
Y menos mal que vivo frente al colegio, que de no ser así, no llegaría nunca. Estrés de vida. Y luego, cuando sales del patio del cole, haces buff, hoy he llegado, mañana veremos. Pero, todavía queda forrar libros y muchos días por delante. Esto acaba de empezar.

lunes, 5 de septiembre de 2016

ESE APARATO CALIENTE

A ver, no vayan a divagar. Hablo de la plancha. Un aparato que tengo, pero que sólo uso a lo sumo una vez al año. La tengo pequeña y guardada en el fondo de un armario porque no entiendo eso de planchar la ropa. Para mí la ropa no se arruga, eso son apreciaciones subjetivas de cada cual. La ropa es como es y queremos que sea de otra manera. Yo no soy perfecta y mi ropa tampoco.  Mi ropa tiene arrugas, no muchas, porque soy de esas que se dedica a tenderlas muy bien y del tendedor van directamente al armario.

Yo también tengo arrugas, no me las plancho, sólo las cuido. Igual que la ropa, la cuido, pero ni hablar de plancharla. Eso queda para quien quiera sufrir por tener la ropa supuestamente perfecta.

domingo, 4 de septiembre de 2016

MIS QUERIDAS BOLAS

¡Qué genialidad! Y es que la prevención de la salud suele ser una puñetería, puesto que se basa habitualmente en dejar algo; dejar de fumar, dejar de comer, dejar de beber, dejar el sofá por correr…. Sin embargo, estas bolitas son ideales para prevenir posibles pérdidas futuras, sobre todo para quienes hemos tenido hijos. Y además tienen otros componentes nada despreciables que puedes aprovechar sola o acompañada. ¡Uaggg, qué pasada! Mientras los hombres disfrutan viendo dar patadas a una bola grande, nosotras podemos pasarlo bien con estas bolitas.
No entro a valorar cómo la inventaron, me la suda; el resultado es lo que importa, una buena musculatura, de esas que no se aprecian a simple vista. Con estas, no hace falta ir al gimnasio para hacer músculo. Luego, si la suerte te acompaña, hasta puedes hacer algo más de ejercicio.
Un tipo de musculatura que no sirve para enseñar, ni para luchar, sino para dar besos como el de Singapur. Si es que a las mujeres no nos hacen falta armas, con una bolitas…todo apañado.

sábado, 3 de septiembre de 2016

HOMENAJE AL BOTELLIN

Hoy, después de dos meses pensando si podría llegar a ser un objeto decorativo como lo es el botijo, he dicho adiós al botellín de agua medio vacío que permanecía en el mueble de la televisión. Llegó a casa una tarde del mes de junio, tras unas horas disfrutando con mi hija y sus amigas en el parque. Lo dejé ahí y ahí ha permanecido. Alguna vez he limpiado el polvo, pero como quedaba agua, lo levantaba y volvía a su lugar. Algunos días, tumbada en el sofá, lo observaba y me decía, para qué lo sigo teniendo ahí. Pero seguía tumbada y se me olvidaba. Después,  empezó a darme pena tirarlo, me había acostumbrado a su presencia, como si fuese una obra de arte moderna. También hay quienes coleccionan botellas de vino, cerveza…Un pequeño botellín de agua medio vacío, en cambio, nadie lo guarda, salvo las malas mujeres que se olvidan de tirarlo. De todas formas, si hubiera sido de cerveza seguro que no quedaba nada dentro.

Siempre quedará la foto como recuerdo de tu presencia.
Pues nada, ya está en proceso de reencarnación. Vaya suerte que tienen lo botellines que pueden reencarnarse, aunque a lo mejor no les gusta en qué se reencarnan. Quizás vuelva de nuevo a esta casa, quién sabe.

viernes, 2 de septiembre de 2016

TRASTOS DE MESA

Esta sociedad está hecha para familias muy tradicionales, de no ser así que alguien me explique para qué sirven esas enormes mesas de comedor que, además, tienen alas para hacerlas más grandes, tanto que no hay sitio para otra cosa en pisos como el mío.  Una mesa de seis para una familia de tres cada 15 días y para una persona otros 15. Pero como aquí estaba aquí sigue, a la espera de que me decida a mandarla a paseo. Mientras tanto sirve para ir amontonando cacharros varios, unos indefinibles, otros como papeles, juguetes, colecciones varias para los niños y otros elementos en espera de lograr una ubicación adecuada. Cosa harto complicada, pues su indefinición lleva a que no sepas dónde puñetas dejarlos. Lo de clasificar cacharros es una historia diferente que habrá que analizar otro día. Por lo pronto, si estamos tres, comemos como nos da la gana, uno en el comedor frente a la tele (por llamarlo de alguna manera), otro en su habitación con el ordenador y yo un ratito aquí y otro allá. Total, cada cual tiene su horario. 
 
Puede llegar a haber de todo encima de la mesa

Además, siempre dicen que la hora de la comida es un momento idóneo para hablar todos, pero no me cuadra con eso de no hablar con la boca llena. Así que ya hablamos después de comer, tumbados boca arriba en la cama, mirando al techo y riéndonos un rato de cómo está la mesa.

jueves, 1 de septiembre de 2016

ME GUSTA SER EVA

De hecho me siento como Eva cogiendo del fruto prohibido, directamente del árbol para comérmelo ahí mismo. Robando un trocito de placer. Sí, así me siento cuando, en mi trabajo, paseando por los campos, disfruto de uno de los momentos más apetecibles. Los osos me entendería muy bien: la llegada de las moras. Sí, moras. Por donde paso en mi trabajo ahí están, ese hermoso fruto negro, dulce, delicioso y casi prohibido, por lo que pinchan las condenadas zarzas. Hay gente que va a recogerlas en bolsas y cajas para llevarlas a casa. Eso es demasiado premeditado. Se pierden el placer de comerlas del árbol, cogerlas allí mismo y relamerte una tras otra.  Mientras comes, observas cuál va a ser la próxima, rebuscando con los ojos la que más te llama la atención. Me encanta alcanzar aquéllas que están fuera del alcance de la mano y que penden hermosas reclamando, llamando y sugiriendo. Y allí que me voy, como Eva a por la manzana prohibida, hacia esas moras, subiéndome como puedo a cualquier lugar para atrapar ese fruto delicioso. Como cuando éramos niños y nos gustaba coger las frutas de los árboles para ser perseguidos por el dueño.

¡Qué gusto ser Eva y poder pecar una y otra vez! ¿A que sí?