martes, 19 de septiembre de 2017

CABRONA QUE SOY

¿A que no suena mal? Y sí, alguna vez me lo han dicho. La última vez una gran amiga mía. Creo recordar que había dicho algo improcedente. Curiosamente, es una palabra que, en su reciente uso femenino, tiene connotación positiva, mucho más que el masculino. Claro que visto desde otro ángulo, cabrón es el hombre que está casado con una mujer que le es infiel y, además, lo consiente. Aunque con tal significado se pronuncia más bien poco.

Pero cabrona se utiliza, fundamentalmente, como un apelativo cariñoso resaltando el aspecto más descarado de la mujer a la que va referida. Lo cual no es nada malo. Por lo menos para mí. Un cabrona puede ser aquélla que se divierte defendiendo, en una conversación, posturas que no comparte; aquella que se ríe de sí misma; aquélla que intenta sacar chascarrillos de cualquier cosa; aquélla que no se amilana si tiene que decir algo  nada formal…En suma, hay unas cuantas cabronas por el mundo. Cada vez un poquito más.

Por eso a mí me encanta que me digan ¡Qué cabrona eres!

martes, 29 de agosto de 2017

LAMER EL CHUMINO Y QUEDARSE CON LAS GANAS

Toca consolarlo
La naturaleza te habla y te dice cosas que pasan, y mucho. Primero las persigue, luego logra que se rindan, les lame el chumino y después nada de nada, se sientan en el suelo. Es lo que le pasa a mi pobre perro que anda como loco detrás de perras y perros, le da igual, con doce años ya no está para esas menudencias. Sin embargo, continúa. Da pena verlo cómo logra rendirlas, las hace disfrutar (supongo) y luego se queda con las ganas. Es lo que hay. Yo ya le digo que la cuestión es ir probando, que no se puede avasallar. Pero anda con prisas y cada vez que salimos de paseo anda oteando el horizonte en busca de una perrita. Yo dudo que pueda lograrlo; los años no pasan en balde; también es un suponer. Aunque yo le dejo porque, por otro lado, pienso que las perrillas se van tan contentas para casa; me figuro que cierto gustirrinín tendrán y lo que hace mi perro es distribuir un ratito de felicidad por el mundo canino. Lo malo es que hay una perrita que se pone loca cada vez que lo ve: se tumba panza arriba esperándole. Sin embargo, su dueña ha decidido darse la vuelta en cuanto nos ve llegar de lejos o de cerca. Coge a la perrilla en brazos y la pobre se queda mirándonos con carita de pena.
Sí, un poco se me va la pinza. Debe ser el verano. Pero encuentro ciertas similitudes en el mundo animal.

lunes, 21 de agosto de 2017

LAS SOCORRISTAS DE GIJON

¡Vaya la que se lía con ciertos comentarios jocosos que no tienen nada de malo!  No sé qué nos pasa a las mujeres.  pero estamos de lo más susceptibles.

El caso es que uno, al contemplar a una socorrista de Gijón, se le ocurrió comentar lo siguiente: “alarma en Gijón, 10 ahogados en el último día, algunos hasta dos o tres veces”. No veo nada ofensivo en ello, es de lo más original. La chica, como socorrista, tiene un buen cuerpo y el comentario no hace más que constatarlo.

Cuidado no os confundáis.
Parece ser que ahora toca no admirar lo que consideramos atractivo, sin tener en cuenta que nosotras también lo hacemos. No nos pueden mirar si vamos provocativas y decir algo puede ser considerado un ataque en toda regla.

Vayamos por partes. Pregunta: si nos ponemos provocativas, ¿para qué lo hacemos? Por comodidad lo dudo. Evidentemente, cada cual puede ir como le venga en gana y nadie tiene por qué criticarlo, cosa que hacemos muy habitualmente las mujeres con otras mujeres. Pero no quiero perderme.

La provocación forma parte del juego de la vida y no sólo humana. ¿Qué hace el pavo real con su fantástica cola? Pavonearse y nosotros admirándolo. Pues eso hacemos también nosotros. Como he dicho alguna vez, el hombre utiliza su fuerza y la mujer sus encantos. Lo de la inteligencia lo dejo a un lado, ¡vale! Que no es el asunto ahora. Lo curioso del mundo animal es que. en muchas especies, es el macho el que se pavonea o tiene unos colores más vistosos. En nuestro caso nos ha tocado más a las hembras, aunque los hombres también lo hacen, y si una tía va con un escote de vértigo, cómo evitas que no te miren ahí (igual que al pavo cuando despliega su cola). La cuestión está en que una cosa es admirar y otra, muy distinta, pasar a la acción. Eso será si la hembra quiere.

Las mujeres podemos ir como nos de la gana. De hecho, el otro día vi a una chica un poco entradita en carnes, con un pantalón muy ceñido, de esos subidos, y una camiseta escotada y ajustada. No le quedaba nada bien. Pero denotaba algo importante: no le importaba, tenía su autoestima bien definida.

Volviendo a Gijón. Los únicos que han metido la pata han sido los del Ayuntamiento aconsejando a las socorristas que vayan en pantalón. Las chicas y los chicos que vayan como deben ir en su trabajo, que apreciar los encantos no creo que sea nada aborrecible. Peor sería decir otras cosas.

viernes, 11 de agosto de 2017

MALUMA Y LAS CUATRO BABYS


Vaya por delante que a mí el Maluma no me gusta. Yo soy de rock, pero el jaleo que se ha montado con la letra de esta canción, me parece excesivo. Mala es de co…, de aúpa, pero machista no lo veo. Digamos que confundimos machismo con sexo. Este chaval habla de que tiene cuatro chicas con las que se lo hace, como Machín tenía dos mujeres. Nos parece fatal que tenga cuatro, pero esa valoración la hacemos desde criterios morales ¿Se nos ha olvidado lo del amor libre? Las mujeres también podemos tener cuatro tíos con los que acostarnos e ir rotándolos. Si no lo hacemos es porque no nos apetece o, en algunos casos, por el famoso “qué dirán”. Eso es lo que hay que eliminar. Y lo de que a una le gusta una cosa y a otra, que dos son parecidas, como dice la canción, pues, la verdad, a mi entender, es que es así. Lo que ocurre es que nos da vergüenza admitirlo porque estamos condicionadas moralmente. Creo que las mujeres deberíamos desprendernos ya de esos condicionamientos a nivel sexual y admitir nuestros deseos. Ya lo he dicho muchas veces, seríamos más felices.

En cuanto a la letra, la de Machín es mucho mejor, sin lugar a dudas. Eso sí que se lo tendría que mirar.

martes, 1 de agosto de 2017

PROVOCANDO A LA TRADICIÓN

No soy nada tradicional y de resultas, poco localista, lo que me lleva a no enarbolar banderas de ningún color. Yo es que para evitar problemas las quitaría todas y pondría una carita sonriente.

Acaban de finalizar las fiestas de Tudela, con todos esos actos tradicionales, algunos de hace 30, 40 o 50 años, y en el único que he participado es en la revoltosa. Para quien no la conozca consiste en correr al ritmo de la música de la banda alrededor del quiosco de la plaza. Yo lo hago para probarme. Este año he conseguido aguantar toda la revoltosa sin parar, ganando así a mi hija y a su amiga. Esta última vino acompañada de su abuelo con el que  tuve una conversación muy enriquecedora.

Previamente a la Revoltosa, se baila el baile de la era y la jota de Tudela, recuperadas hace unos años. El abuelo y yo observábamos su desarrollo, cuando en un momento dado se arriesgó y comentó que era un poco aburrido. Asentí señalando que había bailes tradicionales más animados. Entonces continuó señalando que las tradiciones están bien, pero no todas y, por supuesto, muchas hay que entenderlas enmarcadas en su época. Después me sugirió la imagen de los tiempos en los que se bailaba sin luz, sin aparatos, sin tecnología; la gente, en los días de fiesta, llegando a casa al anochecer después de bailar y comentando ¡vaya noche de juerga, que desenfreno, estoy agotado! Me hizo reír porque pienso igual. Supongo que dentro de 100 años lo tradicional será el rock y la música electrónica, el chunda, chunda etc.

Al final, dos generaciones opinando lo mismo y a contracorriente de los tiempos que todo lo recuperan, sea lo que sea y como sea. ¿Qué pasa? ¿Somos una minoría permanente que se arrastra circulando por el lado contrario, con mucha precaución?

sábado, 29 de julio de 2017

ME HE DEJADO LA CACA

Esto no pasaba antes. Pero es lo que puede ocurrir cuando sales con un perro antes de ir a trabajar y te tomas una caña por la mañana en una terraza. Estas tomando la caña, el perro hace lo que tiene que hacer. Lo recoges en la bolsita correspondiente, no ves ninguna papelera, ni contenedor abierto porque en el casco viejo, donde vivo, cierran los contenedores subterráneos en fiestas. Entonces guardas la bolsa debajo de la silla de la terraza del bar para tirarla cuando te vayas. Y miras el reloj.
Te tienes que ir a trabajar.

Es lo que hay
Te levantas. Vas hacia casa y le dices al colega que te acompaña gritando: ¡Hostia, me he olvidado la caca! La frasecita tiene ya su aquel si la oye alguien ajeno a la situación y en el centro son muchos. Así que de ahí sale el desvarío y la imaginación empieza a hacer lo suyo ante la pregunta que te suscitas: ¿me vuelvo a por ello? ¿Y qué digo? Hola perdona has visto una bolsita con una caca dentro, es que me la he dejado. O pones un anuncio en el periódico, perdida caca en el Bolker, zona Herrerias, quien la encuentre, por favor, la depositen en el contenedor adecuado. Disculpen las molestias. O se la lleva alguien para ver qué hay dentro. O la deposita en objetos perdidos. O lo dejo a su imaginación todo lo que se te puede ocurrir porque es imposible recordarlo-

Al final, después del despotorro montado a raíz de la frasecita gritada al viento, me acordé que la había depositado en una papelera que oteé en el horizonte. Pero las risas fueron mayúsculas. Los olvidos tienen eso de divertido.

miércoles, 19 de julio de 2017

TENEMOS CIERTO INSTINTO ANIMAL

Debo reconocer que me gustan más los tipos macarras, pero también me apetece unirme al fervor por los uniformes que se da en nuestro sexo, mucho más que en el masculino, aunque también. No lo digo yo, hay encuestas y estudios al respecto, aunque los mismos dejan abierta la cuestión sobre la razón por la cual se produce esto.

En realidad creo que es un fervor imaginario colectivo femenino con el que jugamos y nos echamos unas risas. Sin embargo, ¿de dónde viene ese fervor? ¿Será de cuando los hombres se iban como guerreros a la lucha? Todos motivados y ansiosos por demostrar su fuerza ¡Anda ya! La mayoría tendría miedo. Pero se nos queda la imagen peliculera, de fuerza, de macho protector. Si es que nos va eso, en cierta forma, lo del tipo que se comporta como tal, donde debe, no vamos a especificar, y fustigándote verbalmente, eso sí; pero también como un tierno gatito en los aspectos habituales de la vida. Que nos va la marcha ¡Vamos! Ahí se nos olvidan las diferencias sociales.

Que el instinto animal sigue en nuestros genes para ciertas cosas, aunque algunos hayan querido dominarlo mediante moralidades varias y excesivo puritanismo.