domingo, 19 de agosto de 2018

LA BESTIAL SACUDIDA DEL MACHO

En tiempos que parecen recurrir a tanto puritanismo, a mi me sucede todo lo contrario. Quizás sea la edad; quizás el despiste que me hace perder todo, hasta lo prejuicios, pero no puedo evitar la llamada animal que llevo dentro. Así, en  algún momento, tumbada en la cama, medio somnolienta, desperezándome de algún sueño, mi perversa mente me sugestionaba pensando en un tío al lado, mejor dicho, el macho que me pone y, al imaginarlo, surgió de mi boca una frase arrolladora: “arráncame las bragas y métela”, esperando la bestial sacudida del macho.
Debía ser un sueño tremendamente erótico, por las consecuencias. ¡Qué le voy a hacer! El amor tiene su espacio y el sexo el suyo. Los deseos están ahí, surgen y no puedo plantearme reprimirlos, sólo aceptarlos como vienen. Si los reprimiera, ¿qué estaría haciendo?
Estoy segura de que no soy la única que ha soñado con cosas así; es natural, como tíos que sueñan con una tía que le avasalle en la cama. Es lo que tiene el ser humano. Se libro del celo, pero apareció el puritanismo.

A mi se me han perdido los dos y prefiero que me arranquen las bragas o lo que sea.
 
PD: la imagen del León está elegida porque es uno de los animales más sexuales, además de cariñosos. Una cosa no quita la otra, incluso con otros leones. ES decir, son bisexuales, a veces.

martes, 26 de junio de 2018

REFLEXIONES SOBRE MEAR EN EL ARCEN

Pues mira por donde, las locas malas mujeres, encarnadas en mi amiga y yo, nos pusimos el domingo a la tarea de mear en el arcén. Veníamos de Soria  y apurada mi compi por las cervecitas de un día de playa (sí, en Soria hay playa) paramos en un arcén; adultas y niñas aprovechamos el momento para la experiencia, sin exhibicionismo, pero con la naturalidad con la que lo hacen los hombres. Y nadie nos pitó, ni paso nada, quizás las niñas tenían más vergüenza que las mayores; empiezan a asumir esos recatos sociales.
 El recato en relación con el alivio de ciertas necesidades lo entiendo desde un punto de vista antropológico. Para los animales hacer sus necesidades es un acto peligroso, por unos segundos, dicen que de media unos 12, están a merced de los depredadores. El macho hombre tiene más facilidad para mear, simplemente con coger la pilila y mirar de un lado a otro está medianamente cubierto; pero la hembra lo tiene más complicado, está en una posición más delicada; por eso, he llegado a la conclusión de que el hecho de que las mujeres vayan a los baños de dos en dos (cosa que, particularmente, nunca me ha gustado) es un reflejo antropológico, de defensa ante cualquier posible ataque. Bueno, son cosas que a una mala mujer le da por pensar, así, sin más. Observación pura y dura de las cosas habituales.
De todas formas, hay quienes ya han pensado más allá y nos dan soluciones para estos menesteres habituales que nos oprimen.

lunes, 11 de junio de 2018

¿QUE ME ACOSTÉ CON QUIÉN?

“De noche, borracha quiero llegar a casa” Es la frase que escuché en una manifestación que me dejó un poco perpleja; no porque no haya llegado a casa borracha en alguna ocasión, sino por lo que significa y por lo que deja fuera. Hoy los padres tienen miedo de lo que les pueda pasar a sus hijas por la noche. Siempre ha ocurrido, lo que sucede es que hoy hay más altavoces.

Un San Fermín acabé montando un caballo
Actualmente, hay muchas mujeres que denuncian que han sido violadas cuando salieron de fiesta. No lo niego. Contra las violaciones, las agresiones o abusos, todo el peso de la Ley.

Pero no debemos olvidar otra vertiente, y me pongo yo como ejemplo. Yo me las he visto negras con una prima mía francesa, yendo de fiestas por Navarra y haciendo el arriesgado deporte del auto stop (dedo) por la noche. Al final salimos bien paradas. Pero, en otras ocasiones, los efluvios del alcohol han hecho mella y he acabado enrollándome con un tío que ni por asomo me interesaba. Ya saben aquellas etapas de la borrachera, tan ciertas por otro lado, en la que terminas al día siguiente preguntándote: ¿Que me acosté con quién? Y no te queda más que agachar la cabeza y asumir. Lo peor que te puede pasar es el sentimiento de culpa. Y ese es el que hay que erradicar en la mujer. Un hombre no se culpa (habrá hombres que sí, alguno conozco que no olvida cómo una mujer se aprovechó de él cuando estaba borracho), una mujer sí. Por eso las mujeres debemos ser conscientes de que no es pecado liarnos con tíos a la ligera. Somos animales sexuales y el alcohol provoca y entusiasma hasta tal punto que todo el mundo es bueno y guapo.

No vayamos a pasar de ser juzgadas a juzgar y de temer por las hijas a temer por lo hijos. No adelantaremos nada. La Ley es mejorable, las mentalidades también: todas deben evolucionar hacia mayores cotas de libertad y de igualdad. Como digo, en mi filosofía casera, nunca seremos iguales hasta que las mujeres no podamos ponernos a mear en el arcén de una carretera debidamente resguardadas. Esto último merece una nueva entrada.

domingo, 15 de abril de 2018

VA A SER CUESTIÓN DE OVARIOS

¿Qué les pasa a los hombres? ¿Se les ha ido la valentía por la boca? ¿La testosterona no les funciona? Están acojonados hasta para reclamar derechos laborales. Lo digo porque, recopilando información sobre condiciones laborales en la AGE, es decir, puestos fijos de las Administración, un compañero me repetía al preguntarle “a mi no me metas en líos, que está mal, pero a mí no me metas” ¡Vamos, acojonaos!

Y es que no es de extrañar; nosotras nos pusimos pantalones, que son más cómodos para cualquier cosa (bueno para una muy concreta creo que la falda es más útil) pero vosotros os dedicáis ahora a depilaros, llevar un insoportable bolso (por el puñetero móvil), os teñís el pelo de colores, con lo puñeteras y esclavas que son las raíces; os veo pronto subidos en unos tacones, si no los lleváis ya.

¿Qué os ha pasado? ¿O es que os apetecía hacer esas cosas y no os atrevíais? Acaso es que os hemos encorsetado tanto en lo valientes y fuertes que eráis que ahora os ha salido otra vena.

Da igual. La cuestión es que ahora va a resultar que la cosa se va a convertir en cuestión de ovarios.

viernes, 16 de marzo de 2018

¡ESOS PUÑETEROS NIÑOS!

Tampoco pueden conducir
Tengo una de esas sensaciones extrañas que provienen de una especie de paradoja. Hablo de la vida misma que, a veces, te deja en bragas con tus sensaciones porque te dan ganas de enfadarte aunque el otro lleve razón. El otro día me pasó cuando un niño me echó la bronca por llevar suelto a mi perro chucho de siete meses. Me dijo que no se podía llevar así, que podía morder a un niño y, además, estaba prohibido llevarlos así. Me lo dijo mientras se zampaba un bollo. Ya sé que no tiene nada que ver, pero era así.

El puñetero niño tenía razón, pero me quedé a una pizca de soltarle una sarta de improperios del tipo: tú cállate zampabollos que lo que a ti te pasa es que tienes miedo de que el perro te quite el bollo, gordinflón (era rellenito) y aún encima tu madre te dirá que lo que te pasa es que aún tienes que dar el estirón. Sí, ¡a lo ancho lo vas a dar! Y como sigas así a lo mejor tengo que atar el perro porque te lo comes.

Lo sé. Soy una burra pensando. Menos mal que me reprimí y me castigué. Pero no dejo de pensar: ¡que les pasa a los niños! ¡Qué estamos haciendo que ya no rompen normas! A este paso me veo obedeciendo a los niños. Buff.

viernes, 2 de marzo de 2018

LLAMAME PUTA

Porque sí; porque como mala mujer soy una puta. Lo soy y no me importa, porque el apelativo me lo has puesto tú y por eso estoy orgullosa de ello.

Sí, llámame puta porque me gusta pensar que soy libre para vestirme como quiero, para pensar como quiero, peinarme, si quiero; para desear, sentir, manifestarme, reírme, saltar, salir, emborracharme si quiero, provocar y que me provoquen.

Llámame puta, que no me molesta; porque esas connotaciones que tú ves yo no las veo. Porque hago lo que quiero con quien quiero y cuando quiero. Porque puedo tener una pareja o tres (ojalá diera para tanto, que la cosa está malita). Soy puta porque no sigo la corriente que tú quieres imponerme. Porque no soy buena ama de casa, ni madre ejemplar, porque me gusta silbar por la calle, corretear y hacer piruetas, gritar exabruptos en el coche, me gusta bromear sobre sexo y, de paso, fanfarronear;
porque me masturbo, si me apetece, y hasta me lo paso bien; lo reconozco, soy una puta. Porque si un día un hombre me entra por el ojo, a lo mejor me acuesto con él y luego, si te he visto no me acuerdo, cada cual con su vida. Porque me gusta provocar en todos los sentidos; porque, a pesar de los años, sigo siendo y sintiéndome mujer; mala, pero mujer.

No me gusta que me digan cómo debo ser mujer, cómo debo comportarme para ello, porque ser mujer es ser una misma, porque a nadie hago daño, sólo a los espíritus que consideran que está mal lo que yo hago porque creen tener el imperio de la verdad y de las buenas formas. A mí me gustan mis formas: libres de manuales.

miércoles, 14 de febrero de 2018

ME DECLARO FUGITIVA DEL DEBER

Sí, me declaro fugitiva del deber porque soy ese tipo de malamujer que no quiere que le digan cómo debe ser la vida, cómo debo vestirme, cómo debo ser madre, cómo debo comportarme para no ofender a quien se siente ofendido por cualquier cosa que no le hace daño, salvo a su visión de cómo deben ser las cosas. 

Sí, me declaro fugitiva del deber porque no entiendo que haya cosas que deban ser siempre como son o como dicen quienes dicen entender que deben ser. Porque a mi hijos no los siento en una mesa para comer, porque hablamos cuando nos apetece, no cuando dicen las normas; porque no tengo todo controlado, porque los educo a mi manera y no tengo ni idea de cómo es esa manera; porque muchas veces les doy macarrones y carne porque no logro cómo darles las cinco piezas de fruta y verdura. Soy mala.

 Sí, soy fugitiva del deber porque escribo como siento, porque no quiero que me digan cómo debo pensar por ser mujer o por ser hombre, sino como persona.
Me declaro fugitiva del deber moral y puritano, de lo correcto que no entiendo y que nada tiene que ver con el respeto.
El deber me aprisiona, me enajena, me encorseta; y yo quiero probar, y equivocarme y aprender a ser mejor.
Lo que puede dar de sí una frase de Sabina.