miércoles, 31 de agosto de 2016

MANCHARSE A GUSTO

Los anuncios de detergente suelen mostrar a niños manchándose la ropa. ¡Y qué a gusto lo hacen!; creo que las manchas son proporcionales a lo bien que se lo han pasado, aunque no siempre. Creo que los mayores hemos perdido el dulce placer de llegar a casa con la ropa manchada y esa sensación de poner la lavadora con argumentos suficientes. Por eso es necesario recuperar ese placer. Yo, al menos, lo consigo en el trabajo y también fuera de él. Como llevo ropa de uniforme, disfruto como una niña pequeña manchándome mientras hago el trabajo, no tengo cuidado alguno y cuando llego a casa y veo las manchas, me siento orgullosa no del trabajo, ( que también) sino de haberlo hecho sin pensar en las consecuencias, sin pensar que iba a volver a casa con la ropa manchada. ¡Qué gusto da no pensar en ello, no ver sucia la ropa, sino usada y aprovechada!

A ello se añade que, por fin, pones la lavadora con motivo; porque anda que no ponemos lavadoras a lo tonto, con ropa prácticamente limpia, en esa obsesión publicitaria de tener el blanco más blanco o el limpio más limpio ¿Para qué?

martes, 30 de agosto de 2016

LAS RETORCIDAS LLAVES

Una mala mujer suele ser una desordenada mental, hasta el punto de no saber dónde deja las llaves o las gafas. Ya sé, me han aconsejado muchas cosas, entre ellas dejarlas siempre en un mismo lugar ¡Qué cosa más fácil! Y lo intenté, coloqué un portallaves en la cocina; el lugar elegido debiera haber sido al lado de la puerta, pero como había un agujero hecho en la cocina, ahí que lo puse; ley del mínimo esfuerzo.
Ni una sola llave, sólo adornos y llaveros.
Pues bien, jamás lograba dejarlas ahí. Hasta que un día, en pleno revuelo porque no llegábamos a una cita de mis hijos, les pedí que se pusieran a buscar. Están acostumbrados a que antes de salir de casa tengan que buscar las llaves o las gafas de mamá. No había forma de encontrar las puñeteras llaves. Habíamos buscado en los lugares más insospechados, hasta en el cubo de la ropa. Y de repente, una luz se me encendió. Suele pasar a quien es desordenado, acaba teniendo una memoria visual. Por una vez las llaves estaban colgadas en el portallaves. Nunca más he vuelto a dejarlas ahí.

lunes, 29 de agosto de 2016

DE CÓMO EL KETCHUP ACABÓ EN EL CUBO DE LA ROPA

No se qué fue antes si el huevo o la gallina. Lo cierto es que en verano mi hija suele llegar a casa y se va quitando la ropa por el pasillo hasta llegar al salón (por llamar de algún modo al lugar donde está la tele y el sofá). Su madre, (que soy yo, eso no hay duda), hace casi lo mismo, pero en lugar del pasillo utilizo las distintas estancias por donde voy pasando. Así es como luego hay una deportiva aquí, la otra allí, una camiseta en la cocina. Gracias que no tengo casi habitaciones. Bueno, el caso es que hay prendas por toda la casa y una de las que más me trae de cabeza es el sujetador. Sencillamente, porque siempre se pierde por algún recoveco y me vuelvo loca buscándolo.  Sé que aparecerá, pero me dedico a buscarlo intensamente porque no es el caso de que alguien venga a casa, se siente en el sofá y, de repente, note algo en su trasero y aparezca el sujetador. Supongo que pensaría mal y a mi no me importaría que lo que pensase hubiese sido cierto, pero tampoco es cuestión de que lleguen visitas y acaben hablando del sujetador. Sobre todo porque la mayoría de ellas suelen ser amigos de los hijos. Mis amigas ya me conocen y no hay problema.

Pues bien, este desparrame de ropas hace que, al llegar la noche, recogiendo la cena, aproveche para recoger algunas prendas por el camino hacia la cocina, el baño está antes. Y entre ropas y utensilios varios que ocupan la mano, el Ketchup acabó en el cubo de la ropa. Al final, todo tiene una explicación sumamente racional.

domingo, 28 de agosto de 2016

PLACERES APARCADOS

¡Ay, sí! Cuando llegan los hijos empiezas a relegar ciertos placeres y si son dos, mucho más. Suele pasar, te auto limitas. Por ejemplo, hoy me he dado cuenta de uno muy concreto y que no había apreciado hasta el momento. Me encanta ir a comprar el pan, no por ir, sino por volver a casa con él en la mano y agarrar el extremo, romperlo y empezar a comerme la puntita, saboreando cada milímetro, sintiendo cómo aquellos con quien me cruzo desearían estar en mi lugar, saboreando ese trocito tan especial; llego a sentirme especial por ello. Y cuanto más picudo y durito más a gusto te lo comes, más lo saboreas. Un placer para todos los sentidos.

Bueno, el caso es que al volver a casa con el pan en la mano, dispuesta a deleitarme con ese placer, me he dado cuenta de que hacía tiempo que estaba aparcado. La razón vino a mi cabeza al instante: en casa tenía dos niños esperando comerse el currusco de pan crujiente. Tenían que hacer panes con más puntitas.

sábado, 27 de agosto de 2016

LA CULPA ES DE TU MADRE

¿No me digan que no han oído esa frase a sus respectivos o a alguien de al lado? Yo sí, ayer mismo. Situación: una niña, de unos tres años, no se había terminado toda la merienda y la culpa es de la madre, por supuesto. Para qué vamos a razonar tal sentencia. Está todo dicho, es impepinable ¡Vete aprendiendo pequeña que luego serás tú la que tenga la culpa de todo! Pero de eso no se da cuenta su padre.

Pero intentemos razonar: la madre ha preparado la merienda para ir al parque, piscina o cualquier otro lugar. Luego le va dando trocitos para que vaya comiendo cómodamente, pero llega un momento en que no quiere más. El padre, sentado hasta el momento, se levanta y sentencia: la culpa es de tu madre, no tuya. En algún punto me he debido perder algo ¿Ha hecho algo la madre incorrecto que ha llevado a la niña a no comer? Un momento, que el padre continúa hablando: “desde ahora no saldrás de casa hasta que no meriendes”. Sólo le ha faltado añadir: así me tumbo yo a la bartola en casa, viendo la tele con mi mando en la mano, mientras tu madre te da la merienda. Desde luego que la culpa la tiene la madre, pero por aguantarle.

 

jueves, 25 de agosto de 2016

CON FALDAS Y A LO LOCO

Creo sinceramente que la falda y el vestido ha sido un elemento tremendamente limitador en la historia social de la mujer. Sí, no se engañen; si siempre se ha dicho los niños y las mujeres primero, era porque ¡quién puñetas corre con esos vestidos pomposos y largos de años atrás o con faldas ajustadas!

Se imaginan correr con esto..
Y esto a qué viene, dirán. Ayer me fui al cine con mi hija a ver Mascotas. No suelo llevar falda, pero me dije “vamos a ponernos una de las dos faldas que tengo. ¡Buff, que decisión más complicada! No crean hasta hace poco tenía una y mi famoso vestido negro para ocasiones. Con la falda me puse zapatos, no deportivas. Un lujo para mí. Y qué ocurrió, que tras el cine mi hija quiso ir a un parque de juegos y de ejercicios de esos que ponen ahora. Y la liamos. ¡Cómo se puede ir a un parque con falda y zapatos! Allí estaba yo, mordiéndome las uñas porque no podía subir a esa barra que imita a la de los bomberos (ya me gustaría que hubiese sido la de verdad), ni a esas anillas que pendían en el aire invitándome insistentemente a dar volteretas. Pues eso, que así no se puede jugar, ni correr, ni saltar…
No niego que queden monas, pero prácticas más bien poco. Corrijo, son prácticas para una noche loca y un desliz en un baño; para eso están de vicio. Pero para lo demás, para salir corriendo de cualquier lado, jugar con los hijos y otras eventualidades de la vida puede ser muy limitadoras. ¡Ah! La película, encantadora.

miércoles, 24 de agosto de 2016

GRACIAS PAPIS

Las mujeres tenemos que cambiar nuestro objeto de conversación. Lo digo porque hace dos días, en los vestuarios de las piscinas, estábamos unas cuantas mujeres, tres de ellas mayores que yo, y no sé de qué forma salió el tema de las tareas del hogar y la limpieza. Ya digo que hay que cambiar esos temas por algo más adecuado, por ejemplo, podíamos hablar de hombres, que supongo es un tema más satisfactorio, o no.


piscinas, lugares de conversación
Bueno que me pierdo. Hablaban de las tareas que hay que hacer cada día. Una de ellas había enseñado a su marido cómo tenía que limpiar, cosa que me pareció estupendo, aunque no sé cómo no sabía lo que hay que hacer. Pero, claro, ahí apareció la mala mujer señalando que el polvo se limpia cuando es evidente, la cama se hace cuando es necesario y la limpieza se realiza cuando la vida te lo permite. ¡Ufff! Lo que dije, aunque en el fondo me comprendían: divorciada, trabajando con hijos….

Pero no era ese el caso. Al final escuché la frase: a mí lo que me enseñaron. Y yo pensé, gracias papis por enseñarme que lo más importante es vivir sin obsesionarse, que lo importante no es tener siempre limpia la casa, sino el corazón; que lo material es accesorio; que la vida está para absorberla; que las cosas, además de limpias, tienen que estar llenas de vida y la vida es impredecible. Por eso mi casa no es perfecta, es como yo.