domingo, 15 de abril de 2018

VA A SER CUESTIÓN DE OVARIOS

¿Qué les pasa a los hombres? ¿Se les ha ido la valentía por la boca? ¿La testosterona no les funciona? Están acojonados hasta para reclamar derechos laborales. Lo digo porque, recopilando información sobre condiciones laborales en la AGE, es decir, puestos fijos de las Administración, un compañero me repetía al preguntarle “a mi no me metas en líos, que está mal, pero a mí no me metas” ¡Vamos, acojonaos!

Y es que no es de extrañar; nosotras nos pusimos pantalones, que son más cómodos para cualquier cosa (bueno para una muy concreta creo que la falda es más útil) pero vosotros os dedicáis ahora a depilaros, llevar un insoportable bolso (por el puñetero móvil), os teñís el pelo de colores, con lo puñeteras y esclavas que son las raíces; os veo pronto subidos en unos tacones, si no los lleváis ya.

¿Qué os ha pasado? ¿O es que os apetecía hacer esas cosas y no os atrevíais? Acaso es que os hemos encorsetado tanto en lo valientes y fuertes que eráis que ahora os ha salido otra vena.

Da igual. La cuestión es que ahora va a resultar que la cosa se va a convertir en cuestión de ovarios.

viernes, 16 de marzo de 2018

¡ESOS PUÑETEROS NIÑOS!

Tampoco pueden conducir
Tengo una de esas sensaciones extrañas que provienen de una especie de paradoja. Hablo de la vida misma que, a veces, te deja en bragas con tus sensaciones porque te dan ganas de enfadarte aunque el otro lleve razón. El otro día me pasó cuando un niño me echó la bronca por llevar suelto a mi perro chucho de siete meses. Me dijo que no se podía llevar así, que podía morder a un niño y, además, estaba prohibido llevarlos así. Me lo dijo mientras se zampaba un bollo. Ya sé que no tiene nada que ver, pero era así.

El puñetero niño tenía razón, pero me quedé a una pizca de soltarle una sarta de improperios del tipo: tú cállate zampabollos que lo que a ti te pasa es que tienes miedo de que el perro te quite el bollo, gordinflón (era rellenito) y aún encima tu madre te dirá que lo que te pasa es que aún tienes que dar el estirón. Sí, ¡a lo ancho lo vas a dar! Y como sigas así a lo mejor tengo que atar el perro porque te lo comes.

Lo sé. Soy una burra pensando. Menos mal que me reprimí y me castigué. Pero no dejo de pensar: ¡que les pasa a los niños! ¡Qué estamos haciendo que ya no rompen normas! A este paso me veo obedeciendo a los niños. Buff.

viernes, 2 de marzo de 2018

LLAMAME PUTA

Porque sí; porque como mala mujer soy una puta. Lo soy y no me importa, porque el apelativo me lo has puesto tú y por eso estoy orgullosa de ello.

Sí, llámame puta porque me gusta pensar que soy libre para vestirme como quiero, para pensar como quiero, peinarme, si quiero; para desear, sentir, manifestarme, reírme, saltar, salir, emborracharme si quiero, provocar y que me provoquen.

Llámame puta, que no me molesta; porque esas connotaciones que tú ves yo no las veo. Porque hago lo que quiero con quien quiero y cuando quiero. Porque puedo tener una pareja o tres (ojalá diera para tanto, que la cosa está malita). Soy puta porque no sigo la corriente que tú quieres imponerme. Porque no soy buena ama de casa, ni madre ejemplar, porque me gusta silbar por la calle, corretear y hacer piruetas, gritar exabruptos en el coche, me gusta bromear sobre sexo y, de paso, fanfarronear;
porque me masturbo, si me apetece, y hasta me lo paso bien; lo reconozco, soy una puta. Porque si un día un hombre me entra por el ojo, a lo mejor me acuesto con él y luego, si te he visto no me acuerdo, cada cual con su vida. Porque me gusta provocar en todos los sentidos; porque, a pesar de los años, sigo siendo y sintiéndome mujer; mala, pero mujer.

No me gusta que me digan cómo debo ser mujer, cómo debo comportarme para ello, porque ser mujer es ser una misma, porque a nadie hago daño, sólo a los espíritus que consideran que está mal lo que yo hago porque creen tener el imperio de la verdad y de las buenas formas. A mí me gustan mis formas: libres de manuales.

miércoles, 14 de febrero de 2018

ME DECLARO FUGITIVA DEL DEBER

Sí, me declaro fugitiva del deber porque soy ese tipo de malamujer que no quiere que le digan cómo debe ser la vida, cómo debo vestirme, cómo debo ser madre, cómo debo comportarme para no ofender a quien se siente ofendido por cualquier cosa que no le hace daño, salvo a su visión de cómo deben ser las cosas. 

Sí, me declaro fugitiva del deber porque no entiendo que haya cosas que deban ser siempre como son o como dicen quienes dicen entender que deben ser. Porque a mi hijos no los siento en una mesa para comer, porque hablamos cuando nos apetece, no cuando dicen las normas; porque no tengo todo controlado, porque los educo a mi manera y no tengo ni idea de cómo es esa manera; porque muchas veces les doy macarrones y carne porque no logro cómo darles las cinco piezas de fruta y verdura. Soy mala.

 Sí, soy fugitiva del deber porque escribo como siento, porque no quiero que me digan cómo debo pensar por ser mujer o por ser hombre, sino como persona.
Me declaro fugitiva del deber moral y puritano, de lo correcto que no entiendo y que nada tiene que ver con el respeto.
El deber me aprisiona, me enajena, me encorseta; y yo quiero probar, y equivocarme y aprender a ser mejor.
Lo que puede dar de sí una frase de Sabina.

martes, 6 de febrero de 2018

UNA DE CONEJOS O....


No sé si han visto conejos en el campo. Yo muuuchos; cada día me cruzo o se cruzan conmigo, no sé muy quién lleva la iniciativa. Mi trabajo me lo permite. Y claro, de noche, por los caminos, en la furgoneta del Ministerio, sola, te da por pensar en el comportamiento de estos pequeños animales y no lo haces de forma razonable, sino con elucubraciones mentales que no vienen a camino. Porque, vamos a ver: ¿en qué están pensando estos animalitos que siempre esperan a que llegue la furgoneta para pasar? ¿Están apostando a ver quién lo hace más difícil, a ver quién se complica más la vida, en sentido literal de la palabra?
Los veo en la cuneta, atentos, sentados, esperando y cuando llego, pasan, no uno, sino varios, corriendo, nadie saben hacia dónde ¿Acaso sus progenitores les han dicho: cuando veas la luz pasa? Y luego está esa manera tan estresante de correr ¿Para qué corren tanto? ¿Dónde van? Si tienen la hierba debajo de sus pies. No me extraña que Alicia se volviera loca persiguiendo al conejo.
Pensándolo bien, quizás no haya muchas divergencias entre nosotros y los conejos.

lunes, 22 de enero de 2018

NO QUEREMOS SER UNA CARGA

Cada vez hay más mujeres que sienten que no quieren ser una carga. Madres que han visto cómo sus progenitores, hermanos o familiares se convertían en lo que no eran, en personas privadas de memoria, de capacidades y hasta de movilidad. Y ellas han puesto todo de su parte, han estado y están allí, porque alguien, algo, esa conciencia colectiva que todo lo puede y todo lo juzga, ha determinado que sean ellas quienes tiren del carro. Y tiran ¡Vaya si tiran! Despotricando y maldiciendo, pero tiran. Sin embargo, han decidido que no quieren que pase después, que ellas no dejarán ningún carro del que tirar.

Sorprende. Sorprende cuando te encuentras a una de esas mujeres porque todas dicen lo mismo: yo antes acabo conmigo,  yo antes me voy, yo antes me pierdo en el desierto, me meto en el mar. Buscan una salida para no ser la carga, esa carga que da la vejez a unos hijos que tienen que vivir y que mucha gente los considera hijos de Caín.

No, no son hijos de Caín por no querer llevar más carga de la que llevan. El problema es que la sociedad no está preparada para ello, para comprender que no es un problema familiar, sino social. Esas mujeres, también hombres, se han planteado la pregunta: ¿y cuando me toque a mí? Y el objetivo: la libertad de sus hijos. No en vano, según los últimos datos, el mayor índice de suicidios se da en los mayores de 60 años.

La sociedad ha considerado que es un problema familiar, incluso en los propios servicios sociales pueden llegar a escuchar: ¡Vaya la que te ha caído! No, no le ha caído. Si alguien está enfermo, como sociedad, hemos impulsado la sanidad pública (vale que anda en horas bajas), para nuestros pequeños la educación pública… Dejamos en manos de profesionales estos aspectos. Si embargo, todavía esta sociedad entiende que los mayores son responsabilidad de los hijos, más de las hijas, y cuando esto no se produce, cuando echan mano de residencias, si es que pueden, hay quien aprecia abandono por su parte. Y no es así. Los hijos pueden darles cariño, pero no pueden atenderles. La dependencia es un hecho biológico y ya es hora de que estemos preparados para ello.

 

 

sábado, 13 de enero de 2018

OLÉ POR LAS FRANCESAS!

Me gusta la postura de las francesas ante el bombardeo de las actrices americanas (será que tengo algo de francesa, no en vano mi madre lo es). Habrá quien no opine del mismo modo, lo entiendo, aunque no comparto; respeto, aunque mi visión sea otra, de aperturismo sexual, de convivencia con los hombres. Por eso quiero resaltar dos párrafos:

“Esta fiebre para enviar a los "cerdos" al matadero, lejos de ayudar a las mujeres a empoderarse, en realidad sirve a los intereses de los enemigos de la libertad sexual, los extremistas religiosos, los peores reaccionarios y los que creen -en nombre de una concepción sustancial de la moralidad buena y victoriana- que las mujeres son seres "separados", niñas con una cara de adulto, que exigen protección”.

Así lo he considerado siempre. El problema de las mujeres y, también en parte, de los hombres, está en los extremistas religiosos, en la moralidad convencional que ha teñido nuestras mentes de un rechazo al sexo como algo pecaminoso para la mujer, cuando, del mismo modo, disfruta de él, así como el hombre al que se le ha metido en la mollera la imagen de macho fornido, aunque fuera sentimental.

Por eso me encanta este párrafo:

“Sobre todo, somos conscientes de que la persona humana no es monolítica: una mujer puede, en el mismo día, dirigir un equipo profesional y disfrutar siendo el objeto sexual de un hombre, sin ser una puta ni una vil cómplice del patriarcado. Puede asegurarse de que su salario sea igual al de un hombre, pero no sentirse traumatizada para siempre por un manoseador en el metro, incluso si se considera un delito. Ella incluso puede considerarlo como la expresión de una gran miseria sexual, o como si no hubiera ocurrido”.

Efectivamente, en lugar de colocarnos siempre como víctimas debemos autoafirmarnos y reírnos de su miseria, avergonzarles socarronamente de su incapacidad sexual y de su escaso atractivo para lograr que una mujer se fije en ellos. Porque nosotras elegimos, señoras, nosotras decimos quién será el padre de nuestros hijos, aunque nos equivoquemos.

Si un tío te gusta, señoras, te mira y pretende robarte un beso, literalmente, se te caen las bragas. Esto proviene del hecho de que nunca a la mujer se le ha dejado la iniciativa, sino que tenía que ser el hombre. Aquélla que iba hacia delante era tildada por hombres y por mujeres como una fresca. Pues señoras tomemos la iniciativa y, perdonen los hombres, se acojonan. Como nos dé por autoafirmarnos no sé yo quién acaba en el ribazo sin darse cuenta.

“Como mujeres, no nos reconocemos en este feminismo que, más allá de la denuncia de los abusos de poder, toma el rostro del odio hacia los hombres y la sexualidad”.

 A mí me gustan los hombres, pero los de verdad.