Los domingos son muy raros y te toca reflexionar sobre cosas como estas. Se han dado cuenta que hay siempre una silla en casa que sirve para poner las
cosas. Bueno, en alguna casa todas sirven para eso, como en la mía ¡Qué tendrán
las sillas para que acaben siempre con cosas encima! Además tienen variados
usos, sirven de escaleras, perchas, estanterías para libros;
sirven para bailar, para jugar a juegos
infantiles y de adultos.
Pero yo tengo una silla muy especial. Lleva dos años rota
esperando que la baje a la recogida selectiva; y no hay forma, siempre hay algo
encima que me estorba y que no sé dónde poner. Tendría que vaciar la silla
primero, y eso requiere de un estudio pormenorizado de dónde ubicar las cosas
que hay encima. Pues por algo están ahí.
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| Mi silla. No sirve para sentarse porque está rota |
La silla es incombustible, siempre encuentra la forma de
mantenerse ahí. De hecho, debe ser algo genético, o de fábrica, porque creo que pronto se va a
unir una nueva compañera que anda pidiendo a gritos la jubilación, pero que, a tenor
de la crisis, aguanta por narices y porque también tiene cosas encima que, de
no estar ahí, no sabría dónde colocar. Vamos que hasta ha llegado la crisis a las pobres sillas; que qué culpa tendrán ellas.
A este paso creo que la silla va a tener que bajarse solita,
si quiere descansar, porque no dejo de sacarle partido. Menos mal que al final, hasta las sillas te echan una mano. ¿No tienen
alguna de esas?