lunes, 31 de octubre de 2016

¡QUE ME HAN REÑIDO COMO A UNA NIÑA!

¡Ay, qué regañina me cayó por parte de dos señoras mayores! El caso es que el sábado por la tarde nos fuimos mi hija y su amiga Carola a patinar por las calles y lo que más nos gusta a las tres es tirarnos por las rampas. Mi hija se tira por algunas que ni me atrevo. Será valiente, la condenada. Y yo, claro, acabo siendo una mala mujer y madre. Estábamos en una rampa que comunica dos calles a distinto nivel y había una curva, que yo no lograba realizar sin darme la vuelta. No se veía el final de la rampa, así que mi hija era la encargada de mirar si venía alguien. Total, yo y Carola arriba, la niña que se lanza con los patines, mi hija que dice cuidado. Al parecer venían dos señoras mayores subiendo. La niña que al dar la curva se tropieza con ellas. Yo que las veo aparecer, que llegan arriba. Yo que pido disculpas, perdón, lo siento, se han hecho daño, y reitero cada vez más disculpas con una cara de circunstancias o de niña pequeña. Las señoras muy disgustadas que me dicen que ni perdón, ni nada. La bronca que me cayó encima y yo ya sin saber qué decir. Lo último que me sugirieron era que me comportaba como una irresponsable, una mala madre que deja a las chiquillas patinar de ese modo, que pueden hacerse daño. Y yo que sigo con las disculpas, que les señalo que son muy buenas patinando, que yo me caigo más que ellas. ¡Vamos! Que se van despotricando contra mí y la calle repleta a esas horas de la tarde.

La rampa de la izquierda. No se ve el comienzo
Pero ¡qué puñetas! ¿Qué quieren que hagan los niños? Que se queden sentados en una silla mirando el hermoso vuelo de unas aves inexistentes, surcando un cielo ennegrecido para ir a darse de bruces con las torres de alta tensión y acaben su vuelo electrocutándose. No sé. No lo volveré a hacer. Seré yo la que vigile, aunque me quede sin tirarme por la rampa. Bueno, alguna vez sí, o dos, cuando no haya nadie. Mis disculpas, intentaré ser mejor madre; si es que descubro en qué consiste eso.

La vida que se da de bruces con la vida.

sábado, 29 de octubre de 2016

NI CON VALIUM ME PARAN

Las malas mujeres no podemos estar quietas, máxime si somos madres. Ni con valium, ni con dolor, ni con sueño; algo nos puede. El reposo lo dejamos para después de un buen polvo o más, si se tercia que no está la cosa para limitaciones; o después de una noche loca. Así que por mucha contractura o lo que sea, el viernes es día de patines, instituido no sé sabe cómo por las amigas de mi hija, pero así es. Por tanto, había que calzárselos y ahí que me fui.

Algunos dirán que hay que hacer caso a los médicos, pero algunos somos caso aparte. Por ejemplo, yo, cada vez que he ido al médico no han sabido qué me pasaba, lo achacaban a mi ser. Un día descubrieron que tengo una alteración genética, aunque dicen que no tiene consecuencias. Eso es que no me conocen lo suficiente. Debido a ello, y con todos mis respetos a su profesión, paso de ir, y acabo haciendo lo que me da la gana, porque, a fin de cuentas, lo voy a pagar yo.

Además un poco de diversión no hace daño a nadie y mejora sustancialmente el estado mental. Para qué vamos a estar mirando cómo disfrutan los niños, cuando podemos hacerlo con ellos.

martes, 25 de octubre de 2016

YA ME PUEDEN VENIR POR DETRÁS

He triunfado al miedo. Son contradicciones de la vida. Hay miedos que, al final, te hacen ser valiente. A falta de masajes, me han puesto dos banderillas, una ayer y otra hoy. Para cualquiera esto es un hecho insustancial, pero para mí ha sido una gran victoria frente a la fobia y al miedo infantil. La vida te quita de un lado y te multiplica por otro. El caso es que yo tenía un miedo atroz a las inyecciones en el trasero. De cara pueden venirme, que les veo llegar, de hecho soy donante. Pero por atrás, como que no. Un miedo procedente de mi infancia cuando Don Juan, un practicante con cara de Franco, llegaba con sus agujas metidas en una caja de alcohol y sin miramiento alguno te las, literalmente, clavaba. A ella se unía una sala de espera con unos grabados espeluznantes de operaciones pasadas. Yo me ponía tensa como una piedra, me tenían que sujetar entre cinco o seis personas, a pesar de ser una pequeñaja. Me llamaba cobarde, mimada y no sé cuántas cosas más. Buff, cómo se molestaba mi madre.

Luego esta cobarde, pues lo he seguido siendo ante las inyecciones, se hizo valiente en otros aspectos, tanto es así que jamás me planteé la epidural, en ninguno de mis partos. Me decían que la suplicaría. No fue así. Después de Don Juan, todo era una nimiedad.

Desde pequeña no habían logrado ponerme una aguja por detrás, aguantando cualquier dolor. Ayer y hoy lo he hecho; aunque sigo con dolor, y necesitada de un masajito, he vencido al miedo. Nunca es tarde para convertirse en una valiente. Pero sin pasarse.

lunes, 24 de octubre de 2016

NECESITO UN MASAJITO, PERO DE VERDAD

¡Ay! Necesito un masajito, unos mimitos en la espalda, es lo que tiene ser mala mujer y trabajar en un mundo de hombres. donde los hombres tiran todo al agua y luego les toca a las mujeres sacarlo.

Ayer llegué a casa dolorida después de trabajar y tras haberme puesto chula con una enorme rama de un árbol en el agua; no tenía a nadie que me diera un buen masaje en mi preciada espalda. Bueno estaban mis hijos. Estuve dudando un momento, mejor dicho, un buen rato, porque en alguna otra ocasión lo había necesitado y había echado mano de ellos. Recordaba cómo había terminado, mal, muy mal: habían empezado por unos toquecitos en la espalda, luego habían continuado con cosquillas, con los consiguientes revolcones en la cama, pasando luego a puñetacitos varios, sentadas encima de mi espalda y acabar de caballito con una niña de seis años encima de mi lomo divirtiéndose de lo lindo en la espalda de mamá.

Uno así, de esos, necesito yo
Pero, a pesar de esos pensamientos, lo volví a intentar; la mujer también tropieza dos veces en la misma piedra. Pues bien, hoy estoy mucho peor, después de recibir una ración similar, aunque en esta ocasión mi hija fue más misericordiosa: no acabé haciendo de caballito, sino haciéndole caricias a ella y masajitos suaves en su espalda.

Angelitos….Sí, seguro.

domingo, 23 de octubre de 2016

COSAS DE SILLAS

Los domingos son muy raros y te toca reflexionar sobre cosas como estas. Se han dado cuenta que hay siempre una silla en casa que sirve para poner las cosas. Bueno, en alguna casa todas sirven para eso, como en la mía ¡Qué tendrán las sillas para que acaben siempre con cosas encima! Además tienen variados usos, sirven de escaleras, perchas, estanterías para libros;  sirven para bailar, para jugar a juegos infantiles y  de adultos.

Pero yo tengo una silla muy especial. Lleva dos años rota esperando que la baje a la recogida selectiva; y no hay forma, siempre hay algo encima que me estorba y que no sé dónde poner. Tendría que vaciar la silla primero, y eso requiere de un estudio pormenorizado de dónde ubicar las cosas que hay encima. Pues por algo están ahí.

Mi silla. No sirve para sentarse porque está rota
La silla es incombustible, siempre encuentra la forma de mantenerse ahí. De hecho, debe ser algo genético, o de fábrica, porque creo que pronto se va a unir una nueva compañera que anda pidiendo a gritos la jubilación, pero que, a tenor de la crisis, aguanta por narices y porque también tiene cosas encima que, de no estar ahí, no sabría dónde colocar. Vamos que hasta ha llegado la crisis a las pobres sillas; que qué culpa tendrán ellas.

A este paso creo que la silla va a tener que bajarse solita, si quiere descansar, porque no dejo de sacarle partido. Menos mal que al final, hasta las sillas te echan una mano. ¿No tienen alguna de esas?

viernes, 21 de octubre de 2016

MUJERES Y NADA MAS

Hace tiempo que quería dedicar un espacio a esas mujeres que deciden no tener hijos por elección; no porque los hijos puedan entorpecer su carrera profesional, ni por motivos de otra índole, sino porque deciden que no quieren y ya está, porque no les va tener niños. Debo decir que chapó por ellas, tienen las narices de decir al mundo que pueden realizarse, que pueden vivir sin hijos, que no es lo más importante en esta vida, que hay otras percepciones.

Me encanta porque rompen moldes; rompen con una concepción de la mujer como madre. Mucha gente no las entiende, y tienen que oír aquello de los hijos son los mejor de este mundo, sin los hijos no hay objetivo en esta vida, cuando seas mayor te vas a arrepentir y se te habrá pasado el arroz.

Y mientras, las que tenemos hijos andamos como locas estresadas, intentando compaginar trabajo y familia, pensando cómo vamos a pagar los estudios, cómo puñetas educarlos, que si salen, que si vienen tarde, que qué les hago de comer. Normal que ellas nos vean como bichos raros a nosotras y más las que andamos con la cabeza un poco desordenada porque se preguntarán: qué interés hay en prolongar genéticamente dicha especie de desorden.
Y, además, está otra cuestión. Aquellas que tienen una familia siempre llegan agotadas a casa y el plan de la noche se queda en dormir; mientras, las otras no tienen plan en la cama, pero no están agotadas y pueden intentar algo saliendo por ahí, aunque la cosa debe andar complicada, según me cuentan, las sin hijos.
Si es que habría que organizar esto de otro modo.

miércoles, 19 de octubre de 2016

MI ADMIRADO REVERTE. SÍ

Como sale su nuevo libro, se me ha ocurrido hablar de él. Hay algunas mujeres que se sienten molestas con Arturo Pérez Reverte. Yo no soy de ésas. Tengo incluso un apartado en mi librería sólo para él. Me gusta su descaro al escribir y porque se atreve a decir lo que muchos no quieren oír. El puede. Es verdad que, a veces, expresa ciertas predilecciones en cuanto a la mujer, que pueden ser mal entendidas; si me limito a entenderlas al pie de la letra, evidentemente, no son la mías, porque  no cumplo con
ninguna de ellas. Como describió en un artículo, echaba de menos aquéllas diosas del celuloide, con tacones imposibles, perfectas y armoniosas. Evidentemente, Reverte jamás las vio al levantarse de la cama. Tampoco se refería a ello. He de admitir que a mí también me gustan: están divinas tan glamorosas, pero, cálzate Reverte esos zapatos durante todo el día y no sé si acabas divina.
La apariencia es una cosa y la realidad es otra. A mi no me gustan las apariencias; he aprendido, y me ha costado, que soy tal cual y así lo muestro. Puede no gustar, lo admito; pero mientras no haga daño a nadie.... Y a mí sí me gusta que me abran puertas, fundamentalmente porque, de no ser así, me doy con ellas; del mismo modo que yo las abro a otros, con mejor suerte para ellos. Tampoco me importa que no le gusten las mujeres como yo. Hasta lo entiendo. Somos odiosas; por nuestro descaro. Y eso, qué puñetas, no es malo.